Por: Elianan Gómez Hurtado

La carrera séptima con su tono oscurecido por la humedad refugiaba a tres jóvenes que hacían toda clase de maromas en el semáforo. Era el ángulo del relato que habíamos definido en el consejo de redacción.

Al llegar me presenté y les comenté la intención que tenía por narrar su labor. Entre risas y miradas respondieron” vamos hacer famosos”. Amablemente respondieron ante mis preguntas.

Yeison Sarmiento y Andrés Felipe Rivera son de diferentes lugares de Colombia, lo dice su acento y los kilómetros que separan sus capitales, aun así los une el amor por el arte callejero. Pasan los días enteros dando a conocer a los conductores, transeúntes y espectadores sus competencias en el manejo del diálobo (yoyo chino), cadenas de fuego, machetes, aros, balón, monociclo y “la sombrilla del concursante”.

En uno de ellos es característico el acento capitalino, su nombre es Yeison Sarmiento, tiene 24 años y es oriundo de Bogotá. Tiene títulos como Técnico en Pedagogía Infantil, es  bilingüe, sabe de diseño, informática y turismo, pero nunca laboró en ninguno de estos oficios porque piensa que le falta llenar algunos vacíos, y porque se graduó hace ocho años. De una forma no esperanzadora, agrega que apenas terminó sus estudios no tuvo oportunidades para empezar a desempeñar en el campo. “Piensan que todos los hombres somos violadores, entonces se me hizo muy difícil conseguir, dure dos años intentándolo pero hasta ahora no lo he encontrado”, comenta.

El hombre que sólo plasma sonrisas en su rostro, constantemente recorre las ciudades del país hasta cumplir su sueño de ir a estudiar fotografía en Argentina, ideando el momento en el que por esa misma ruta demarcada por semáforos, tome rumbo hacía su destino.
Hace ocho meses decidió irse del lado de sus abuelos a explorar y conocer los senderos de la subsistencia motivado por las necesidades económicas, al no contar con un trabajo que supliera sus necesidades.

El diábolo lo acompaña siempre. Cuando tenía escasos años de edad era su juguete favorito, aprendió a manipularlo hasta que se le rompió, ahora hace parte de sus hazañas artísticas junto a los aros, las pelotas y las cadenas de fuego.

Al preguntarle ¿cuánto se gana por día? acude a rodear el tema y evita dar una respuesta concreta. “Lo que me gano son chichiguas que toca tener debajo del colchón cuando uno se enferma”, indica.

Es claro que para Yeison, las ganancias con el arte de los malabares como componente de la cultura del país, en gran parte están dadas por las relaciones que entabla con la gente, las costumbres y los deleites al paladar, en cada lugar donde encuentra un sitio de trabajo, un semáforo.

En promedio por un corto tiempo puede reunir 20 mil pesos, que regularmente destina para el pago del hotel y la comida. “Depende de la ciudad, hay ciudades como estas, que son muy malas, llevo todo el día y sólo tengo 10 mil, sin embargo, hay ciudades tan buenas que en una hora me hago 20.000”, señala.

Los viajes por diferentes ciudades colombianas le han hecho saber que las personas de la región central poco les motiva colaborar con estas expresiones: “son muy frías, como que está cansada de lo que ve, entonces si colaboran, lo hacen con mala gana”. En cuanto a las regiones costeras, cree que la actitud es más jovial, la gente lo recocha, lo molesta, le pita y le comparte dinero.

El mes de enero considera, que así como para la gran mayoría de los colombianos, es una mala temporada, en cambio, en diciembre su trabajo suele ser más próspero.

Yeison es un hombre perseverante, con ganas de enfrentar la vida, es por eso que está dispuesto a trabajar en Argentina en lo que le toque hacer, ya sea en el circo, en los semáforos o en la fotografía que es su pasión. Es un hombre con muchas ganas, y no le ve problema a  enfrentar nuevos retos.

Había pasado algún tiempo, la lluvia de hace unas horas parecía desprenderse del asfalto ante el contacto con el sol, debía partir llevando un poco de la historia de aquel joven que junto a su compañero estuvieron en el semáforo de la séptima con calle 21 en la capital huilense.