Zorreros, personajes que se destacan a través del tiempo

En el valle de laboyos existe un medio de transporte que cubre las rutas más fáciles  y las más complejas, una costumbre que transciende a través del tiempo y en la cual se construyen historias diarias que llenan de sonrisas y otras, que ponen en riesgo la vida de estas personas y sus animales.


El mundo de los zorreros

La actividad de un zorrero inicia desde muy temprano, a las 6 de la mañana se alista todo para salir a producir, tipo 7 de la mañana está en su punto de encuentro, a la espera de arrancar el día con el pie derecho. Existen 3 gremios de zorreros en Pitalito, el gremio más antiguo es la Asociación de Zorreros del Sur, dirigida por el señor Roso Asencio, hombre que además de hacer parte de la organización, trabaja como sus compañeros del gremio de carreteros. En la zona de la galería se parquean alrededor de 35 zorreros, que cubren en gran parte el transporte del municipio, la ubicación que tienen es de forma estratégica por los recursos que genera la plaza minorista de Cálamo, el transporte de los alimentos en su mayoría lo cubren los zorreros, también cubren rutas para los cosechadores de café.

El peso máximo que se les exige para cargar los caballos redonda entre las veinte y cuarenta arrobas, dependiendo del animal. Recorrer el valle laboyos en zorra tiene ciertos reglamentos, los cuales son;  recoger los deshechos de los caballos, tener las bestias herradas y no transitar por la carrera cuarta directamente, solo la pueden cruzar. Además de ello, deben tener la tarjeta de propiedad con el nombre del dueño y el número de placa con el cual se pueden identificar como zorreros legales del municipio, a pesar de que algunas personas no cuenten con dichos papeles.

Una de las principales razones de la baja productividad es la llegada de los motocargeros al Valle de laboyos, esta decisión perjudica a los zorreros porque hay más vehículos de transporte que cubren las mismas rutas, y por ende, complica la competividad laboral. Quienes han tenido la posibilidad de cambiar sus carruajes por un motocarro lo han hecho. Algunos aún no lo realizan porque no tienen el recurso suficiente o prefieren seguir trabajando como se han efectuado por generaciones.

Un trabajo de antaño

Don Jorge Gómez, un señor de la tercera edad, de piel trigueña, de voz gruesa y pausada, sus manos arrugadas y con callos, develan el trabajo de más de treinta-cinco años al servicio de la ciudadanía. Toda una vida ha estado recorriendo las calles con su zorra, con su trabajo crea empatía con las personas de su entorno y cubre rutas de difícil acceso donde no es posible el ingreso de otros vehículos.

Sale todos los días en busca de recolectar algo de dinero para contribuir en el hogar, su esposa lo espera con ansias para preguntarle ¿cómo estuvo su día? y  ¿qué historias nuevas tiene para contarle? Él siempre busca sacarle una sonrisa a pesar de los días malos, llega a casa con su caballo castaño de pelo negro oscuro, con canas de experiencia. Posterior a la llegada del amigo equino y don Jorge, la señora de Gómez prepara la comida para que después puedan descansar  y recuperar energías perdidas.

Este carretero trata a su animal de la mejor manera posible, los alimenta con caña, bore, cáscaras y lo lava cada vez que suda en exceso, los caballos duran horas de pie, las venas de sus piernas son marcadas y sus ojos expresan confianza y nobleza. Cuenta que hay días en los cuales no consigue ni un viaje y le toca llegar a casa con las manos vacías y con la cara cabizbaja.

Pecas como denomina a su bestia, se posa en una esquina a la espera que su dueño se le acerque con un nuevo viaje, para así recorrer las calles. Cuando su montador lo llama alza la cabeza y se dirige hasta donde él está, cuando le van a poner la zorra, se acomoda de forma tal que la jáquima se encarga de la mayor parte del trabajo. Asiste todos los días por costumbre a esa ardua labor, los años que pasaron le han quitado fuerza, pero nunca las ganas de servir a la comunidad.

Preservar las costumbres

Con muchos pronósticos en contra, los jóvenes también se hacen presentes en este trabajo de los carreteros en Pitalito, es así como lo demuestra un joven de 14 años llamado Víctor, con el deseo de continuar sus estudios y aportar en su casa, sale en busca de trabajo. Sus pequeñas manos tienen callos, sus uñas un color oscuro y su cabeza cubierta por una gorra con un símbolo equino, su pasión. 

A su corta edad este joven recorre las calles del municipio con su caballo con una que otra peca llamado Palomo. “Llevo un año trabajando en esto” agregó Víctor, trabajo que vio en su abuelo. Un día cualquiera se dirigió a la plaza minorista de Cálamo, al sector donde se ubican los caballos, quienes junto con sus zorras lo cautivaron, llenaron sus expectativas y fue allí cuando analizó esta oportunidad para generar ingresos e invertir el tiempo de forma productiva.

Los vehículos de tracción animal le llamaron la atención, empezó ayudándole a otros trabajadores, hasta que un día su padre le consiguió una bestia con su respectiva zorra, desde ese momento, todos los días después de clase, sale en busca de desempeño laboral. El colegio y el trabajo lo cohiben de apropiarse de las malas mañas del sector que rodea la galería, el deseo por superarse se devela en el brillo de su mirada y el arranque de sus palabras para demostrar la verraquera que lo caracteriza.

Este joven ha realizado largos viajes con palomo, los dos recorren Pitalito y veredas cercanas, su compañía es “Dios y la virgen”  así le relató a Suregion el joven entre risas. Palomo carga de todo un poco, dependiendo del peso que lleve asimismo es el costo que cobra por viaje, la carrera más pesada en el área urbana se aproxima a quince mil pesos y un viaje de menor peso ronda entre los ocho mil pesos.  

Víctor actualmente cursa el grado sexto, su padre es maestro de construcción y su madre ama de casa, su círculo de amigos en el trabajo es muy amplio,  todos los zorreros lo conocen por su empatía y entrega. sueña con estudiar Veterinaria y con ello poder ayudar a los animales.

Él cuenta que una vez llegando a la plaza de mercado una buseta quiso adelantarlo  y se chocó con su zorra, los dos vehículos se detuvieron de inmediato, el conductor de bus descendió del  vehículo y se dedicó a encarar al joven con malas palabras y con tono alto, Víctor no se dejó y arremetió con palabras fuertes y le dijo que era culpa de él por querer adelantarlo. En medio de la discusión el conductor de la buseta reconoció el error, agachó la cabeza  y tuvo que pagar.

Las historias de Víctor y Jorge aunque diferentes, tienen una misma finalidad, salir adelante y superarse día tras día, mediante trabajo fuerte y perseverancia. El buen ambiente de trabajo y formación entre los zorreros es permanente, trabajadores insaciables de diferentes edades que ayudan a Pitalito y buscan una estabilidad laboral.

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