De Reynaldo Matiz a Flor Alba Núñez: casos impunes de asesinatos y amenazas a periodistas del Huila

Ofrecemos a los lectores de Suregión la primera entrega de un especial periodístico, títulado: “Periodismo Regional, un campo de disputas y violencias“, sobre los avatares del periodismo en el Huila, los riesgos y amenazas que se ciernen sobre el ejercicio de la profesión en nuestro Departamento. El especial fue elaborado por un grupo de estudiantes del Programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Surcolombiana, sede Neiva.

Por: Jaime Navarrete Roa, Karen Blásquez, Leidy Sánchez, Carlos Murcia, Paola Zamudio y Liliana Mora, estudiantes de Comunicación Social y Periodismo de la Usco, sede Neiva.

Colombia, es uno de los países con más periodistas asesinados en el mundo. Según el Centro de Memoria Histórica desde 1977 a 2015 han sido asesinados en el país por razones vinculadas con su profesión 152 periodistas. Durante 2018 fueron asesinados 5 periodistas, aunque dos de ellos no tuvieron gran cubrimiento mediático, debido a que laboraban en regiones apartadas y fueron poco conocidos.

Las  amenazas e intimidaciones a los periodistas, así como la práctica de la autocensura, son el pan de cada día en el ejercicio de la profesión. Durante 2018, según la Fundación para la Libertad de Prensa FLIP, se reportaron más de 1052 casos, en los que se advirtió la responsabilidad de diversos actores, tanto legales como al margen de la ley.

Infografía tomada de la FLIP

El alcance del conflicto político-militar ha afectado a la totalidad de los departamentos en el país, y como expresión suya los actores del conflicto armado en asocio con empresarios y sectores políticos poderosos han desencadenado una ola de miedo para constreñir el ejercicio libre del derecho a informar y contar las realidades de nuestros territorios. 

El Huila es un departamento de Colombia que históricamente ha sido de costumbres y tradiciones conservadoras. En la plaza central de cada uno de sus 37 municipios y recónditas veredas se puede hallar una iglesia, símbolo del inmenso poder que algún día tuvo el clero en la vida social de los Huilenses, en alianza con familias prestantes y la autoridad policial, que determinaban el camino que se debía llevar en la vida en sociedad.

Igualmente, este departamento fue escenario del conflicto armado que desde los años 50 azotó ferozmente al país, precisamente suscitado por unas élites dominantes que profundizaron la desigualdad y se negaban a aceptar nuevos pensamientos y propuestas de país, y por ende limitaban la activividad de nuevos personajes y movimientos, en los escenarios propios de cualquier democracia.

Antiguo Centro de la Ciudad de Neiva

El periodismo en el departamento no es ajeno a esta dinámica, pues los medios de comunicación han sido fundados y controlados por familias con poder económico y político, generando así un monopolio de la información, que ha coartado las libertades democráticas, como el derecho a la información y el derecho a la libre expresión,

A lo largo del la historia del departamento del Huila, no pocos de los periodistas que han denunciado algún hecho de corrupción o violación de derechos humanos, han sido víctimas de censura, amenazas e incluso asesinatos.

Tal es el caso de Reinaldo Matiz, periodista, dirigente político y empresario, quien se destacó a inicios del siglo XX por ser un liberal, defensor de campesinos e indígenas, defensor de la educación e impulsor de progreso en el departamento, con proyectos como el de generación de energía eléctrica, escuelas nocturnas de capacitación y alfabetización de adultos, entre otros. Lastimosamente fue asesinado el 1 de noviembre de 1924, presuntamente por haber publicado un artículo en el periódico “Renacimiento”,  denunciando la masacre de “Los Limpios”, que involucraba a miembros de una notable familia de la ciudad.

En los últimos 22 años en  el Huila se han presentado algunos casos de asesinatos de periodistas, los cuales han conmovido a la ciudadanía opita y han marcado la historia del periodismo en el departamento. Con el fin de mantener la memoria y resaltar la importante labor para cualquier democracia y sociedad, por la que fueron silenciados(as) estos comunicadores sociales y periodistas, se hace importante conocer los casos que se han presentado y las razones por las cuales ocurrieron estos crímenes.

En primer lugar se encontró el muy conocido caso del periodista  Nelson Carvajal Carvajal, quien fue asesinado el 16 de abril de 1998. Ejercía su labor en la Emisora Radio Sur del municipio de Pitalito, como locutor y director, además era maestro de la escuela Los Pinos, lugar donde fue asesinado por un sicario.

El asesinato de este periodista evidentemente  tiene que ver con razones de oficio, ya que al realizar algunas denuncias por medio de diferentes programas radiales como ‘Momento Regional’, ‘Mirador de la semana’ y ‘Amanecer en el campo’, sobre casos de corrupción que sucedían en el municipio, su vida comenzó a correr riesgo.

Algunas de las denuncias que formuló Carvajal a través de la radio involucraban a un empresario y político local que construía casas en lugares no aptos por cuestiones geológicas y con materiales inapropiados. Además, según Carvajal, este empresario lavaba dinero con la excusa de construir casas para personas de bajos recursos y estaba vinculado en una red de tráfico de armas y drogas en la zona.

En medio de las investigaciones por el asesinato de Carvajal, familiares, testigos y la fiscal del caso fueron amenazados y un testigo clave fue asesinado. El proceso de Nelson Carvajal se mantuvo 19 años en la completa impunidad hasta que fue llevado a la CIDH (Corte Interamericana de Derechos Humanos), la cual declaró culpable al Estado Colombiano por  no haber realizado las acciones suficientes para proteger la vida del periodista, pese al conocimiento de las amenazas que venía recibiendo. La sentencia de la CIDH fue proferida en marzo de 2018.

Otro caso es el del periodista Gimbler Perdomo Zamora, el cual fue asesinado el 1 de diciembre del 2002. Perdomo trabajaba como director de la emisora Panorama Stereo del municipio de Gigante, además era concejal, comerciante y dueño del hotel “La Casona”; siempre se destacó por recolectar recursos para las personas menos favorecidas  y también por las denuncias que hacía frente a deficiencias administrativas en el municipio. Pese a que realizaba actividades relacionadas con el periodismo, se dedicaba principalmente a la política.

El periodista huilense Guillermo Bravo Vega realizó serias denuncias sobre irregularidades administrativas que se presentaban en el Departamento, con respecto a la privatización de la Licorera del Huila y otros temas que involucran a la clase política regional. Su trabajo periodístico lo llevó a ganar un Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y dos premios Reinaldo Matiz, pero también lo condujo a recibir fuertes amenazas como fruto de sus denuncias en la Revista Ecoimpacto. El periodista acudió a las autoridades para pedir protección, pero todo fue en vano porque al final  fue asesinado el 28 de abril de 2003 en la sala de su casa, en el Barrio Virgilio Barco. Años después su crimen continúa en la impunidad.   El Centro de Memoria Histórica, rememorando 10 años del asesinato de este reconocido periodista, hizo un llamado a la memoria para mantener vigente su legado en el campo del periodismo investigativo Huilense.

En el interior de la vivienda de Flor Alba, su familia ha colgado varios retratos.

El caso más reciente de asesinato a periodistas huilenses fue el de Flor Alba Nuñez, ocurrido  el 10 de septiembre de 2015 en el municipio de Pitalito. Ella se dedicaba a trabajar en la emisora La Preferida Stereo, lugar donde fue asesinada. Como en el caso de otros periodistas, también se dedicaba a realizar denuncias de injusticias e irregularidades que ocurrían en el municipio. Las autoridades capturaron al autor material del homicidio, el cual fue juzgado y condenado, pero los autores intelectuales del crimen continúan en las sombras y fuera del alcance de la justicia.

Casos recientes de censura y amenazas a periodistas

Casos de censura a notas informativas, columnas de opinión y hasta nacientes medios alternativos, también se han evidenciado en el departamento del Huila. En Neiva, por ejemplo, Fredy Nagles, director del medio digital “180 grados, desde otro ángulo”, recibió en marzo del 2018 varias intimidaciones luego de publicar una primicia sobre la posible filtración de bases de datos de la comunidad académica de la USCO a algunos candidatos al Congreso. Posteriormente, el portal fue víctima de un hackeo a su plataforma web, que lo sacó de circulación por varias semanas. Los contenidos de este medio se han caracterizado por su investigación y análisis de temas sociales de la región, en los que se evidencia clientelismo, corrupción en contratación o hasta omisión de los entes gubernamentales para atender las necesidades de las comunidades.

Además, personas que se autodenominan “Águilas Negras”, han tratado de intimidar con panfletos a líderes sociales, maestros y periodistas huilenses, con el fin de que dejen de “incomodar”  sus intereses en los territorios. Así ocurrió, por ejemplo, con el veterano periodista e historiador Delimiro Moreno, y con el también periodista Melquicedec Torres, los cuales fueron amenazados mediante un comunicado suscrito por las Águilas Negras que fue enviado a la sede de una de las emisoras de Pitalito. Según Delimiro Moreno, las denuncias que ambos periodistas han hecho sobre la vinculación de grupos de la mafia que actúan en Pitalito con el asesinato del abogado y expersonero municipal Gerardo Ochoa, están en la raíz de estas amenazas proferidas por grupos que se esconden detrás de una etiqueta intimidante para realizar sus propósitos criminales.

Panfleto intimidatorio y amenazante contra periodistas del departamento del Huila

No se acaba la verdad matando periodistas, ni callando voces que resulten incómodas para algunos(as) que ven amenazados sus intereses personales o de grupo; la esencia de una democracia, lo que la sostiene, es precisamente la pluralidad y diversidad de opiniones y pensamientos. Además, no basta solo con libertad de pensamiento, si no se garantiza la libertad de expresión. Ambas libertades son consustanciales para que se genere el debate público y por ende se fortalezca la democracia. Cualquier intento de censura debe ser denunciado ante las autoridades judiciales y ONG, como la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP o la Liga contra el Silencio, pero además los(as) periodistas deben contar con el respaldo social que defienda su derecho a la libertad de expresión y opinión, que es a su vez el derecho de toda la sociedad al acceso a la información y por ende a las mínimas garantías democráticas. 

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