¿Ahora sí sabe de qué le hablamos, viejo? A propósito del paro nacional

Por: Juano Zuluaga, Estudiante de Ciencia Política  de la Universidad Surcolombiana y Director del CEIINSO*

Finalizando el mes de agosto del año en curso, se llevó a cabo un operativo militar en el que se bombardeó la vereda Candilejas, zona rural del municipio de San Vicente del Caguán, Caquetá. En este país rebautizado como Polombia por el actual inquilino de la Casa de Nariño, se han producido un sinnúmero de operativos militares que afectan directamente a la población civil, en especial, aquella que vive en áreas rurales que históricamente han sido corredores estratégicos para el desarrollo del conflicto político, social y armado. El municipio de San Vicente del Caguán ha sido un territorio fuertemente afectado por las dinámicas del conflicto armado interno, y en el caso del bombardeo efectuado en el mes de agosto, el Estado dio muerte en forma aleve a unos menores de edad; algunos aseguran que no son 8, sino entre 16 y 18 el número de menores asesinados en este acto atroz. Sin embargo, ni el subpresidente Duque ni ninguno de los mandos militares le informó oportunamente al país que en el operativo habían dado muerte a varios menores de edad. Posteriormente, en el Congreso se adelantó el debate de moción de censura contra el Ministro de Defensa Nacional, Guillermo Botero, que lo obligó a presentar su carta de renuncia del cargo.           

Debido a lo anterior, la noticia se divulgó ampliamente tanto al interior del país como a nivel mundial. No obstante, y entendiendo que a la persona que pusieron al frente de la Casa de Nariño le falta formación política, el país vivió otro vergonzoso capítulo de su historia: en el mes de noviembre, el subpresidente se encontraba en un evento en la ciudad de Barranquilla, por tanto, el periodista de El Heraldo, Jesús Blanquicet, aprovechó para preguntarle su opinión con relación al bombardeo en el que murieron los menores de edad en zona rural de San Vicente del Caguán. Duque respondió al cuestionamiento del reportero con una frase que se hizo viral: “¿de qué me hablas, viejo?. La desobligante respuesta del mandatario es ofensiva para los familiares y amigos de los menores de edad, para el territorio y para un país que ha tenido que soportar los embates de la guerra.

La contestación de Duque tiene un alto grado de torpeza política, y, si a eso le añadimos la impopularidad creciente que se refleja en las recientes encuestas, tanto del subpresidente como del partido de gobierno (Centro Democrático) y su capataz Álvaro Uribe Vélez, se estarían dando los elementos de una alta inestabilidad en el gobierno.

La respuesta, da cuenta de un país llamado Polombia en el que el pueblo a menudo ha dado muestras de no saber elegir a sus gobernantes, ya que no pocas veces importa más el tamal y lo que le pueden pagar el día de la campaña que apoyar a un candidato por la pertinencia de sus apuestas programáticas y por las proyecciones acertadas del país.

No obstante, Polombia también cuenta con dinámicas de resistencia, con procesos y con personas que le apostamos a la paz, la democracia y a la construcción de un nuevo país, porque es evidente que ese país que se escribe con P de pobreza, con V de violencia estatal, con M de miseria y masacres y también el que se escribe con C de corrupción y clientelismo, no es pertinente.

En medio de este panorama, varios sectores del país hemos venido soñando y construyendo alternativas y procesos desde los cuales rechazamos esa Polombia con P que promueve el uribismo. Pese a las dificultades organizativas y políticas y a la represión estatal, desde la lucha social callejera hemos venido construyendo otra Colombia, pero esta, tiene la P de paz y la D de la democracia que tanto necesita la sociedad. Con relación a lo anterior, el escenario más reciente de movilización social es el actual paro nacional. Hace mucho tiempo no se presenciaba en el país una fuerza social tan significativa, una movilización que volcara masivamente a los colombianos a las calles en rechazo a las reformas neoliberales que se pretenden adelantar y una fuerte manifestación de inconformidad frente al gobierno.

Las peripecias de un Paro Nacional que desbordó las expectativas

El contexto en el que se gestó el paro nacional, favoreció a las fuerzas sociales, a los sectores y organizaciones, y dio lugar a un proceso bastante interesante, que incluso desbordó la convocatoria de las centrales obreras y organizaciones que habían proyectado el paro solamente para el día 21 de noviembre. La protesta se fue prolongando y fortaleciendo en los días posteriores al 21N con cacerolazos y manifestaciones, y no ha cesado aunque sí ha mermado en intensidad durante la temporada navideña y de fin de año.

Caricatura de Tiro, especial para Suregion

El llamado Paro Nacional ha sido un estallido social de indignación generado por varios factores, los cuales desencadenaron dinámicas de movilización inéditas y contundentes. Estos elementos confluyeron entre sí en un momento determinado y provocaron una coyuntura de movilización nacional, que desembocó en manifestaciones masivas en diferentes territorios y no solo en las ciudades principales.

El contexto y los factores a los que se hace alusión, los podemos resumir de la siguiente manera: las trabas a la implementación del Acuerdo de paz de La Habana y el asesinato sistemático de líderes sociales y exguerrilleros que se acogieron al pacto de paz; el incumplimiento por parte del gobierno de Duque a los acuerdos a los que llegó con los estudiantes universitarios en el marco del paro universitario de 2018, así como la polémica a raíz del intento de aprobar el artículo 44 del Presupuesto General de la Nación, que pretendía utilizar el presupuesto de las universidades públicas para pagar demandas en contra de la Nación

Antes del paro nacional iniciado el 21 de noviembre, el contexto de América Latina ya estaba atravesado por constantes jornadas de protesta social (por ejemplo, los casos de Ecuador y  Chile, entre otros) que interpelaron a la población colombiana, y, salvo el caso de golpe de Estado contra Evo Morales, generaron motivación en aquellas personas que nos identificamos con las ideas de transformación social. Asimismo, el paquetazo de Duque en el que se encuentran la reforma tributaria ( aprobada en la madrugada del 20 de diciembre), pensional, entre otras; el bombardeo en el que fueron asesinados los menores de edad en zona rural de San Vicente del Caguán, y el debate de moción de censura en el Congreso contra del Ministro de Defensa Nacional, Guillermo Botero; el rechazo del Congreso de la República a las objeciones a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) presentadas por el subpresidente Duque; y el proceso penal que adelanta la Corte Suprema de Justicia al expresidente Álvaro Uribe Vélez, por manipulación de testigos y otros graves cargos. Los últimos factores referidos son de gran relevancia en la medida en que le han venido restando legitimidad al partido de gobierno (Centro Democrático) y a Iván Duque, quien hoy en día tiene una alta desaprobación por parte de los colombianos, como lo evidencian varias encuestas de opinión.

A lo anterior hay que sumarle la falta de formación política del subpresidente Duque y el manejo errado que la bancada de gobierno le dio a la convocatoria del paro nacional, planteando que, según ellos, el llamado a la movilización se hizo con base en mentiras y por la supuesta influencia del Foro de Sao Paulo, entre otras cosas; además, la persecución política y la estigmatización que se desarrolló antes del 21 de noviembre, que se tradujo en varios allanamientos a líderes sociales y personas relacionadas con el paro.

Plantón de la Universidad Surcolombiana, en Neiva. Fotografía de Farith Barreiro, periodista Suregión.

El 21 de Noviembre de 2019, fue el inicio de una jornada de movilización social que pasará a la historia del país. De esta manera, – y en respuesta a la frase y la torpeza política de Duque- el pueblo colombiano demostró en las calles de qué estamos hablando, viejo. Se puso en evidencia que ese tal paro nacional sí existe; quedó claro que hablamos de la rabia, la indignación y la irreverencia de un pueblo que está cansado de las mentiras y las políticas retrógradas del gobierno y del Estado. Estamos hablando de la inconformidad que sentimos ante las reformas intentan camuflar (reforma tributaria, pasional, holding financiero, entre otras), que responde a intereses supranacionales. Estamos hablando de que no queremos que nuestro país siga siendo conducido por gobiernos obedientes al Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Estamos hablando de que no queremos más multinacionales ni megaproyectos extractivistas: queremos una Colombia libre y soberana.

Viejo, estamos hablando del fracking, el extractivismo, la miseria, el hambre y la guerra. Estamos hablando de que este país no está siendo conducido de manera correcta; queremos timonear este territorio y darle un giro político, pues la derecha y la extrema derecha ya no deben gobernar más este país.

Foto tomada de la página del diario el público

Hablamos de la alegría, la creatividad, de las marchas, los cacerolazos y la rebeldía de un pueblo que no soporta más la desigualdad social. Estamos hablando de Dilan Cruz, de Nicolás Neira, de Tarcisio Medina, de Gonzalo Bravo Pérez, de Uriel Gutiérrez y de los miles de estudiantes que han sido asesinados y desaparecidos por este Estado represivo y criminal. Estamos hablando de los falsos positivos que se realizan para demostrar avances en las políticas guerristas a costa del dolor de jóvenes inocentes y el sufrimiento de sus familiares. Estamos hablando de los indígenas, los campesinos y los exguerrilleros que han sido asesinados en este gobierno, el cual ha guardado un silencio cómplice y no brinda las garantías necesarias. Hablamos del incumplimiento del gobierno al Acuerdo de paz de La Habana y del constante asesinato de líderes sociales y excombatientes.

Estamos hablando de muchos temas trascendentales para el país, desde antes que Duque llegara a la Casa de Nariño como “Presidente de la República”.  De hecho: ¿de qué presidente me habla, viejo? ¿Del presidente o del subpresidente? ¿Del siervo o el amo? ¿Del presidente real o del títere que ponen los grupos económicos y los grupos de presión? Viejo, le estamos hablando de la lucha social y popular de un pueblo que cada vez tiene mayores niveles de movilización, de la lucha por la paz, la democracia y la dignidad. Viejo, en síntesis -y su papá lo sabe, ya que usted todavía está muy pequeño y le hace falta crecer, en especial políticamente hablando para que pueda dimensionar muchas cosas-, de lo que le estamos hablando es de que el pueblo unido está demostrando en las calles que su gobierno, al igual que el patriarcado, como dice la consigna de nuestras compañeras feministas: “¡se va a caer, se va a caer!” y ¡arriba el pueblo explotado que va a vencer, que va a vencer!

*Centro de Investigación e Inter-acción del Sur Colombiano (CEIINSO)

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